Escribo, luego existo

Me declaro especie en extinción.
No conozco bien el protocolo
pero creo que califico
para serlo.
No hay otro ejemplar que contenga
mi genoma
manías
ideales
decepciones
tristezas
y memorias.
No hay gemelo ni clon
ni copia a carbonilla
ni backup,
de mi alma
o cualquier sustancia incomprobable
que pueda atribuirse como tal,
nada ni nadie
que me reproduzca total
o parcialmente.
Puedo dejarlo por escrito
ante escribano público
o con el psiquiatra de turno,
lo que sea más rápido
o mejor les apetezca.
Estoy en vías de extinción,
no me voy a andar con vueltas.
Pero tengo un dilema,
desconozco cuál es mi hábitat.
Me mudé unas cuantas veces,
de ciudad en ciudad,
de provincia en provincia,
y ahora hasta cambié de continente.
Tampoco puedo asegurar que todo empezó donde recuerdo.
Ni sé muy bien si reencarne, o no,
y, si lo hice, no sabría precisar el código postal de tal transacción espiritual.
No tengo hogar fijo
aunque resido,
por momentos.
Por ahí, cada tanto,
también me ausento.
O hago como que no estoy.
O vuelvo.
¿Si no tengo hábitat quiere decir
que estoy deshabitada?
¿Entonces no me habito?
¿No me encuentro?
¿Estoy perdida?
¿Perdí quién soy?
¿Sigo siendo?
Parece que llego tarde
con la propuesta.
Estoy ex-tinta.
No funciona el bolígrafo.

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